La Estimulación Precoz en la Hospitalización

 

Cristina Sáez Martínez

Diplomada en Enfermería. Albacete.

RESUMEN

 

La enfermedad es un acontecimiento estresante, que interrumpe la vida normal. Si se trata además de un niño, se produce un interrupción en su normal desarrollo, entorpeciendo la adquisición de nuevos aprendizajes y habilidades. Esto se acrecienta si la enfermedad le obliga a desligarse de su rutina y ambiente habitual durante un periodo largo de tiempo, como puede ser una larga hospitalización.

Por otro lado, y en consonancia con lo anterior, la Estimulación Precoz se ocupa de atender o prevenir los problemas en el desarrollo psicomotor de niños con posibilidad de padecerlos ya sea por causas orgánicas o ambientales. Entre estas causas ambientales podrían incluirse las largas estancias en los hospitales.

Con este trabajo se intenta hacer hincapié en las habilidades y el conocimiento que las enfermeras deben tener sobre el desarrollo normal de los niños. Deben saber cómo les afectan las hospitalizaciones, ya sean largas o cortas, a ellos mismos y a sus familiares. Conociendo los factores que son inherentes a los hospitales y que pueden afectar al desarrollo del niño, podrán ser capaces de tomar las medidas adecuadas para evitar o minimizar posteriores problemas. Además sería útil que conociesen los principios de la Estimulación Precoz para comprender mejor que la infancia es un periodo muy importante en la vida de las personas.

PALABRAS CLAVE

-desarrollo -estimulación precoz -apego

-hospitalismo -grupo familiar

INTRODUCCIÓN

Siempre se ha considerado que la etapa infantil es el momento del desarrollo humano por excelencia, pero la importancia de la infancia se ha relativizado al verla como una etapa más del desarrollo, y comprobándose que seguimos aprendiendo y adaptándonos durante toda la vida ( 1 ). El hombre es un ser en desarrollo, su forma de comprender y vivir las experiencias relacionadas con la salud y la enfermedad es distinta en las diferentes etapas por las que pasa.

Así, el niño comienza formándose una representación del entorno en el que vive, y de sí mismo a través de una selección y construcción propias de los múltiples datos aislados que va percibiendo ( 2 ). Dentro de las experiencias que el niño vive y percibe, entra también la enfermedad, algo casi inevitable. Una consecuencia no poco frecuente de la enfermedad, es la necesidad de la hospitalización de los niños, o de un familiar cercano, lo que constituye, sin duda, un acontecimiento estresante para el niño.

La estancia en un hospital supone una experiencia desconocida en el niño, acostumbrado a su ambiente familiar y sus relaciones afectivas, lo que constituye todo lo que conoce y sin duda va a repercutir en su desarrollo normal. No sólo por este cambio de ambiente, sino por la falta de estimulación normal que un niño en otra situación recibiría, y que le haría aprender y desarrollarse.

La familia también va a verse afectada pues tendrán que afrontar dificultades para seguir desempeñando su rol paterno y materno mientras que su hijo está demasiado enfermo para que ellos le cuiden, y serán otros los que asuman la mayor responsabilidad en el cuidado del niño (3).

La Estimulación Precoz (E.P.) tiene como finalidad el mejorar o prevenir los probables déficits en el desarrollo psicomotor de niños con riesgo de sufrirlos tanto por causas orgánicas como ambientales (4).

Los principios de la E.P. deberían conocerlos todos aquellos profesionales que estén a cargo de niños con problemas psicomotores o que estén en peligro de sufrirlos, como puede ser el caso de los niños hospitalizados.

FACTORES INFLUYENTES EN LA HOSPITALIZACIÓN DE UN NIÑO

El hospital constituye un contexto social diferente al que está acostumbrado el niño, donde se reúnen un conjunto de factores que muy fácilmente le estresan, y son un riesgo para su normal desarrollo:

- entorno extraño, poco familiar sobre el que recibe poca información y que no

comprende ni controla.

- personas nuevas, instrumentos y aparatos extraños, vestimenta desconocida.

- diagnósticos y lenguaje poco familiar.

- a veces significa la separación de los padres, amigos y familiares.

- nuevas relaciones sociales obligadas, normalmente de dependencia, con médicos, personal de

enfermería y otros niños enfermos.

- conlleva muchas restricciones sensoriomotoras.

- se asocia a la enfermedad el dolor, el sufrimiento e incluso la muerte.

- se percibe en función de ideas infantiles previas sobre el hospital.

- ve que los que le rodean viven esta situación con ansiedad.

Así, hay muchas circunstancias propias de la hospitalización que son amenazantes para el niño. Pero otras son más susceptibles de modificación con un programa de intervención adecuado.

Estos factores aparecerán en el niño de una forma más o menos amenazante, en función de:

- la madurez evolutiva del niño.

- su personalidad.

- sus experiencias hospitalarias previas.

- la duración de la hospitalización.

- la preparación previa al ingreso.

- comportamiento familiar y de los profesionales sanitarios.

- tipo de intervención que sufra.

- estilo de afrontamiento que adopte.

- concepto que tenga sobre la salud/enfermedad y sobre los profesionales ( 2 ).

DEFINICIÓN DE HOSPITALISMO Y SUS FASES

El hospitalismo ( 5 ) es el conjunto de efectos físicos y mentales de la hospitalización o de la institucionalización de los pacientes, especialmente en lactantes y niños, en los que este trastorno se caracteriza por regresión social, alteraciones en la personalidad y retraso en le crecimiento. Es debido a la carencia por un tiempo más o menos largo del clima familiar y de las relaciones afectivas del individuo.

En los niños este fenómeno es mucho más importante por la separación que conlleva, ya que entre el niño y la madre o cuidador se establece un vínculo muy importante, el apego, una relación favorecida y consolidada por conductas infantiles y maternales que se complementan recíprocamente (1 ). Pero muchas veces, aunque esté la madre con el niño en el hospital, ella misma puede cambiar de comportamiento por este hecho, por el cambio del ambiente y de los roles.

El fenómeno del "hospitalismo" se desarrolla a lo largo de tres etapas, según Robertson ( 6 ), con cambios en el estado psicológico del niño durante el ingreso. Estas etapas son:

- Etapa de protesta ante la percepción de la pérdida o de la posible pérdida del vínculo que tiene con su madre. El niño en esta fase se comporta de una forma rebelde, llora y protesta.

- Etapa de desesperación o angustia por la pérdida progresiva de esperanza. Siente miedo y se muestra agresivo, percibe que le han abandonado. Se le ve muy triste y menos activo; es normal que se chupe el dedo, se masturbe, se acaricie los labios o el pelo. Se repliega sobre sí mismo.

- Etapa de desapego o desligamiento de la madre y aceptación pasiva de los cuidados. El niño se aisla totalmente, no muestra ninguna afectividad. El niño deja de preocuparse, e incluso ignora a su madre cuando ésta viene a verle.

Estas fases se sobreponen entre sí. Normalmente los síntomas son pasajeros y desaparecen, pero si la hospitalización se alarga pueden aparecer trastornos psicológicos posteriores.

Es entre los 6 y los 12 meses, y en la edad escolar, donde la hospitalización tendrá más incidencia. Estas edades es cuando el niño necesita estar más con la madre y la familia, y donde rechaza más las relaciones con los demás. Según Bowlby, entre los 6 meses y los 4 años se produce el Atrauma de ansiedad de separación@ si se separa a los niños de sus madres (2).

CONSECUENCIAS DE LA HOSPITALIZACIÓN EN EL DESARROLLO DE LOS NIÑOS

El contacto con la enfermedad y con el centro hospitalario es especialmente traumático en los casos en que el miedo, la ansiedad y los temores acompañan a la hospitalización hasta el punto de poder tener repercusiones negativas en su desarrollo posterior. Pero aún así no hay que olvidar que no es irreversible todo lo que ocurre en la infancia, como se creía hasta ahora, pues se ha visto que el psiquismo humano es más plástico de lo que se pensaba.( 2 )

Dependiendo del momento en el desarrollo en el que tenga que ser hospitalizado va a afectar a su evolución de una forma u otra. Veremos, según las etapas descritas por Piaget (1), las percepciones que tienen los niños del proceso salud-enfermedad desde que nacen hasta los 7 años (estadíos sensoriomotor y preoperacional), pues en este intervalo de edad es donde actúa principalmente la Estimulación Precoz. También veremos a la vez las alteraciones en el desarrollo más importantes que se pueden producir al ser hospitalizados.

Estadío sensoriomotor (0 a 2 años)

Se considera que los niños antes de los 3-4 años no tienen conciencia de la existencia de la salud o de la enfermedad ( 2 ). Pero sí que perciben los cambios en su ambiente y de hecho les afecta. Si un niño de esta edad debe ser hospitalizado su desarrollo en estas áreas va a verse afectado:

A Área cognitiva- afectiva

Utilizaremos como referencia las escalas de Bayley y de Uzguiris (7).

El ambiente es comprensivo para el niño desde muy pronto. Si el niño al nacer necesita estar en una incubadora, va a tener una falta de estímulos importante. A los 2 meses comienza a observar todo lo que le rodea y prefiere sobre todo los colores brillantes (7).

A los 4 meses el niño empieza a notar las reacciones que su conducta despierta en los demás, aunque puede percibir el estado de ánimo mucho antes. Así se va a dar cuenta desde muy pronto de la ansiedad, la preocupación o el miedo en sus cuidadores.

A los 6-7 meses comienza a explorar su propio cuerpo con las manos.

De los 6 a los 9 meses el niño explora activamente los objetos, comienza a jugar, por lo que comienza a aprender (7).

A los 8 meses el niño ya conoce algunas palabras y hace los primeros intentos por repetirlas.

A los 9 meses el niño comienza a aburrirse con los juegos repetitivos, que van a ser los más frecuentes en un hospital.

De los 9 a los 12 meses imita acciones que ve directamente y coordina medios con fines con lo que el autocuidado puede iniciarse (7).

A los 2 años el niño ya es capaz de entender los conceptos de bueno y malo, y los conceptos sencillos de espacio, por ejemplo dentro-fuera. Si el niño lleva mucho tiempo ingresado no entenderá estos conceptos

A Área físico- motora (7)

A los 2 meses hay un aumento del tono muscular que hay que estimular de ahí en adelante, pero que se puede ver impedido por los procedimientos que se deben aplicar en el niño.

A los 7 meses los músculos de sus piernas comienzan a adquirir la fuerza necesaria para mantenerlo, por lo que son los primeros pasos para conseguir la marcha. Pero si se le ingresa los intentos y los ensayos por andar van a ser menos lo que retrasará el momento en que el niño empiece a andar.

A Área social (1) (7)

Cuando tiene un mes demuestra estar a gusto cuando su madre le tiene en brazos, con lo que se inicia el vínculo afectivo entre la madre y el niño o apego. El apego se ve favorecido por la lactancia materna. Este apego puede afectarse si el niño permanece mucho tiempo en el hospital, lejos de su madre.

A los 6 meses tiene interés por jugar con los demás niños, por lo que si ha de ser hospitalizado dependiendo de la gravedad de su enfermedad estos inicios de la socialización no se darán hasta más tarde por lo que puede surgir timidez o miedo a relacionarse con los demás niños.

A los 8 meses reacciona cuando su madre se aleja y no quiere quedarse solo. Comienza a manifestar sus sentimientos. Este es un momento poco adecuado para ingresar a un niño.

Estadío preoperacional (2 a 7 años)

En este periodo los niños encuentran explicaciones prelógicas a la enfermedad. Define la enfermedad de modo anecdótico por una sola enfermedad, y la salud de modo negativo como ausencia de enfermedad o asociada a prácticas concretas como el que permite jugar, estar limpio, comer, etc (2). A esta edad el juego es la forma esencial de exploración del mundo material no siendo menor su función intelectual (8). Antes de los tres años, las explicaciones del mundo físico son animistas: todas las cosas estás vivas y sienten y piensan como él mismo.

En el estadío preoperacional en general, el niño posee un espíritu autoritario, donde las reglas son sagradas y donde los padres no se equivocan nunca. Suelen tener sentimientos de culpa ante lo que les suceda. En esta etapa se adquiere el lenguaje y el control de esfínteres, que se puede ver impedido por una hospitalización al producirse una regresión.

Hacia los 2 años y medio el niño pasa por una "fase de oposición" donde se opone sistemáticamente a las solicitudes maternas. Pero a la vez el niño experimenta una intensa "angustia de separación" en la que está desaconsejado llevarle a guarderías y mucho menos hospitalizarlo si no es imprescindible.

El fracaso de una adecuada relación madre-niño, favorece la aparición de trastornos en las adquisiciones propias de esta etapa. Cuando estas relaciones están cargadas de ansiedad, ésta actúa como un elemento desorganizador en el desarrollo de la personalidad ( 1,9 ). Una situación cargada de ansiedad es la hospitalización.

Las alteraciones del desarrollo más frecuentes en esta etapa (2), son:

- trastornos en el control de esfínteres. Son un síntoma de regresión.

- trastornos de la conducta, caprichos, rabietas,...

- trastornos del habla.

- trastornos motores, como inestabilidad e incoordinación motora, por la protección excesiva o por la

falta de la misma.

- psicosis simbiótica, lo contrario que el autismo, el niño no se despega de su madre porque no se ha producido el proceso de individualización.

- terrores nocturnos y pesadillas, los miedos más diversos y las fobias.

- regresiones a estadíos anteriores del desarrollo psíquico, apareciendo enuresis, comportamiento

infantiles, problemas en el lenguaje, demanda excesiva de atención, melindres frente a los alimentos,

etc. Esto produce una disminución en las defensas, que será una complicación de la hospitalización (9).

- problemas escolares, pues a la vuelta al colegio el niño se siente defraudado por no poder

volver inmediatamente a su actividad normal.

REACCIONES DE LOS PADRES ANTE LA HOSPITALIZACIÓN

Normalmente la más afectada es la madre pues suele ser la cuidadora habitual del niño. Pero no hay que olvidar el papel del padre y de los hermanos, pues también intervienen en su desarrollo, sobre todo en los planos emocional y de socialización.

Se ha de intervenir sobre el niño y también sobre sus familiares o ciudadores por la poca diferenciación e independencia que hay entre ellos. Así todo el grupo familiar se transforma en paciente ( 9 ).

Los padres pueden vivir las enfermedades de los hijos intensamente en forma de desconsuelo, negación de la realidad, dramatización exagerada, impotencia o reacciones de huída (2).

Las madres de los niños saben que van a perder control sobre ellos. Este control lo van a adquirir los médicos y demás personal sanitario. El desconocimiento sobre cuál es su rol materno respecto al niño en el hospital le va a producir ansiedad e incluso celos del personal sanitario. Por la información de cómo puede participar y apoyar en la atención de su hijo en el hospital va a disminuir su ansiedad.( 2 )

El papel del padre tiende a estar excluído o a no estar tan reconocido como el de la madre, en la hospitalización de los niños. Es muy común que la esposa misma excluya al padre, poniendo las típicas escusas del trabajo o la necesidad de no crearle preocupaciones. El niño suele recibir una sobreprotección por parte de la madre que contribuye al fenómeno de regresión que se suele producir en las hospitalizaciones, y que disminuye y empobrece las defensas del niño. Precisamente se puede evitar que esta regresión en el lazo madre-hijo sea tan exagerada, por la figura del padre. Éste satisface las necesidades de la madre desviando su atención y prestándole apoyo, y además disminuye la ansiedad en la madre y en el niño pues a él se le atribuyen dentro del núcleo familiar las funciones de defensa contra los peligros externos. Por último el desborde afectivo suele ser menor en las relaciones paterno-filiales que en las materno-filiales actuando el padre como un filtro de las emociones violentas que pueden surgir en la madre ( 9 ).

También se ha de prestar atención a los hermanos del niño hospitalizado, pues normalmente los hermanos tienden a desarrollar vínculos muy fuertes entre sí. Estos niños pueden llegar a experimentar celos, enojo, tristeza, culpabilidad, miedo, ... que se manifiesta con conductas agresivas, regresiones, miedos, bajo rendimiento escolar, dolores, etc ( 2, 10 ). Son una gran fuente de socialización y así es muy conveniente que la comunicación entre los hermanos sea la más posible con visitas, cartas o postales, dibujos, etc., que hagan que el vínculo entre ellos no se debilite demasiado y no se sientan solos y desplazados el uno del otro.

Muchas veces los padres, en un intento de proteger al niño, lo envuelven en una "conspiración de silencio" ( 2 ). El niño lo percibe y después tendrá dificultades para volver a depositar su confianza en ellos. La desconfianza adquirida por el niño puede tener efectos de largo alcance en el desarrollo de su personalidad. Ya solamente con el ambiente angustioso que conlleva la hospitalización, se retrasa el desarrollo de la adquisición de las correspondientes capacidades de la personalidad. ( 6,9 )

LA ESTIMULACIÓN PRECOZ Y LA ENFERMERÍA

La E. P. Se basa en el desarrollo evolutivo normal y en la teoría de la plasticidad del Sistema Nervioso. Defiende que las experiencias en las edades tempranas son críticas para el desarrollo de la personalidad, el desarrollo psicomotor y el desarrollo emocional y social (4,7).

Es aplicada por un equipo multidisciplinar, todavía en desarrollo, formado por psicólogos, neurólogos, pediatras, asistentes sociales, fisioterapeutas, logopedas, maestros, enfermeras y todas las personas que estén al cuidado del niño, incluida claro está la familia. Existen centros que se dedican a esta actividad, y el personal está formado fundamentalmente por psicólogos y neurólogos. Se trabaja mediante programas secuenciales y sistemáticos de estimulación.

La función preventiva de la Estimulación Precoz se orienta a proporcionar al sujeto un ambiente enriquecido durante un tiempo variable, según sus necesidades, ya sea en el área motriz, cognitivo-afectiva o en el área social. Consiste en proporcionar unos determinados estímulos que van a facilitar el desarrollo global del niño, cuando estos estímulos falten, y por tanto a conseguir que su organismo llegue al máximo de sus potencialidades. Va dirigido en general a niños de 0 a 6 años que presenten alguna deficiencia, retraso o que tengan riesgo de padecerlo en cualquiera de las áreas del desarrollo, así como a las familias, a los maestros y al entorno que les rodea (4).

El personal sanitario, entre ellos las enfermeras, han de ser conscientes de que la estimulación que recibe un niño normal en un hospital es muy pobre, y que puede afectar a su desarrollo si las estancias son largas. Si los niños hospitalizados tienen además alguna deficiencia los trastornos serán aún más. Tras estas consideraciones anteriores quisiera señalar algunos aspectos respecto a posibles medidas encaminadas a disminuir los efectos de la hospitalización, las cuales podrían adoptar el personal sanitario en general y el de enfermería en particular, por ser los que más y mayormente están en contacto tanto con el paciente como con la familia.

No se puede negar que en el cuidado de la salud es necesario conocer los distintos estadíos por los que pasa el desarrollo humano a lo largo del ciclo vital. Así se facilita el establecimiento de una relación más adecuada con el paciente, pues se conocen cuáles son sus percepciones y como son sus vivencias.

Las hospitalizaciones siempre tienen efectos indeseables, y los niños son los más susceptibles a ellos, sobre todo los más pequeños. Las enfermeras deben ser conscientes de esta susceptibilidad e incluir dentro de los planes de cuidados las actividades que favorezcan su comodidad, su adaptación a la situación, además de las actividades posibles que les puedan hacer continuar con su desarrollo normal o hacer que la interrupción de éste sea lo más leve posible.

Así, es fundamental que las condiciones de vida del niño en el hospital sean lo más parecidas a las que está acostumbrado. Las secciones de pediatría deberían estar adaptadas a los niños. Han de cubrir, además de lo necesario para restablecer su salud, los aspectos físicos, emocionales, culturales, sociales, educativos y de desarrollo del niño. Deberían haber salas de juego, bibliotecas, salas de televisión, etc. Mediante el juego el niño se divierte, aprende y desvía la atención de sus situación en ese momento.

Se debería permitir a los padres que estén con ellos. Ante las quejas, demandas e irrupciones que se producen por parte de los familiares del niño hospitalizado, en algunos lugares se decidió que los padres se mantuviesen alejados de los niños para evitar estos enfrentamientos. Pero se ha demostrado que esta práctica no es nada recomendable en el proceso de recuperación del niño (9). Por ésto un sistema de hospitalización adecuado para el niño, debe de tener como objetivo principal que no falte nunca un familiar con cada niño ingresado. Esto conlleva que el personal sanitario caiga conforme e intente que la relación con los padres sean lo más adecuada posible, por el bien del niño.

Las instalaciones pediátricas deberían ser ricas en estímulos. Para ello deben de ponerse de acuerdo el personal que esté al cuidado del niño con los responsables de los gastos que supongan las remodelaciones. Ante todo, debe de primar el bien del paciente, ya sea niño, adulto o anciano.

Respecto a este ambiente estimular, en los hospitales no suele haber colores llamativos para los niños y casi todas las estancias son parecidas, por lo que la estimulación visual es bastante pobre. El proceso de autoexploración del niño, el juego y el movimiento van a verse afectados por los procedimientos a los que tenga que verse sometido (tracciones, catéteres, escayolas). No habrá mucha diversidad de objetos que el niño pueda manipular y explorar, por los que sienta curiosidad, por lo que su aprendizaje será menor de lo normal. Va a haber limitación de actividades y de juegos con los que divertirse, con lo que el niño se aburrirá con frecuencia. Normalmente no hay mucha estimulación sonora ni verbal, y además el lenguaje va a ser demasiado técnico y abstracto para que el niño lo comprenda. El niño va a recibir pasivamente todos los cuidados y es probable que no haya preocupación ni tiempo porque él aprenda.

Las relaciones sociales van a estar limitadas a su acompañante, al personal que le atiende y a los niños que le rodean. En el hospital el niño tendría que seguir con su escolarización. Así sería adecuado que hubiese algún maestro o tutor. También sería conveniente que hubiese un animador sociocultural o voluntariado que se encarguen de jugar y entretener a los niños. En estas actividades podrían intervenir el personal de enfermería que es el que más directamente va a cuidar de ellos.

Respecto a las regresiones a estadíos anteriores en el desarrollo de los niños, se han de aceptar como característica de las enfermedades, y apoyar al niño en esa situación de dependencia para posteriormente ayudarle a superarlo (10).

Sin duda la limitación del número y de la duración de los hospitalizaciones a lo estrictamente necesario es una medida recomendable. Respecto a ésto, según un estudio de Casanova Matutano (11) sobre las hospitalizaciones pediátricas evitables en la Comunidad Valenciana y Cataluña, se llegó a la conclusión de que una de cada cinco o seis hospitalizaciones pediátricas fue teóricamente evitable si la atención ambulatoria se hubiera prestado de forma efectiva y en el momento adecuado. Ésto supone una proporción importante tanto para el número de niños que tubieron que ser hospitalizados innecesariamente sufriendo esta experiencia, como por el gasto ocasionado.

Existe un método utilizado para la medición del uso inapropiado de las hospitalizaciones llamado Appropriateness Evaluation Protocol (12) y una adaptación pediátrica. La versión en castellano ha sido validada también por Casanova Matutano y su equipo, y ha demostrado ser preferible a las valoraciones basadas solamente en los juicios clínicos.

En un estudio, realizado por Youngblut y Brooten (13), donde se pretendía determinar la importancia que tiene el cuidado habitual del niño por parte de varias personas diferentes sobre el posible efecto de la hospitalización en los comportamientos de niños de preescolar, se vió que el número de hospitalizaciones anteriores y la duración no tenían efectos sobre el comportamiento del niño. Lo que se demostró que sí era de importancia en los comportamientos, era el tiempo que había transcurrido desde el alta, disminuyendo los comportamientos agresivos conforme pasaba el tiempo. Sin embargo, otro estudio realizado por Elander en 1986 (13) sí demostró, en niños suizos, que el número de hospitalizaciones era determinante sobre su posterior comportamiento.

El estudios de Yougnblut y Brooten (13) demostró que cuanto más mayores son los niños y más reciente es la hospitalización, hay efectos negativos en el área del comportamiento, siendo estos agresivos. También demostró, y éste era el objetivo principal del estudio, que el hecho de haber sido cuidado el niño habitualmente por diferentes personas, constituía un factor protector sobre los efectos psicológicos y del comportamiento de las hospitalizaciones, al estar acostumbrado a las separaciones de la madre.

La preparación a la hospitalización es un punto muy importante, basado en el intercambio de información. Se debe recoger información sobre experiencias previas de separaciones de los padres, de lo que sabe el niño sobre su hospitalización, si han habido cambios importantes y recientes en la familia, etc. (10). Se debe aportar información sobre la enfermedad, el tratamiento y el pronóstico, sobre las reacciones emocionales y físicas del niño, y anticipar las posibles reacciones emocionales de los padres y hermanos ante la crisis. Respecto a las reacciones emocionales de las madres, se hizo un estudio (3) sobre las repercusiones de la gravedad de la enfermedad de un niño sobre sus madres, y se vió que uno de los principales factores que influían en su equilibrio emocional era el ambiente estresante de los hospitales, a parte de la enfermedad del niño, las características de la madre, etc. Se llegaron a encontrar síntomas depresivos.

Se ha comprobado de forma experimental que cuanto mayor es la información inicial de los padres sobre las conductas previstas de los niños, menor es la ansiedad en las madres y más bajos son los índices de conductas negativas en los niños. La información no sólo reduce el estrés sino que también ayuda en la recuperación del paciente. Si la comunicación es defectuosa y no existe una buena información, los padres no confiarán sus problemas al personal sanitario, adoptarán una actitud pasiva y poco colaboradora y aumentarán su ansiedad y sus temores (2).

Existe un instrumento potencialmente útil (14), ya que está todavía en fase de validación, para evaluar algunos de los efectos que la hospitalización infantil puede producir en los padres. Se trata de la entrevista EHP (Efectos de la Hospitalización infantil en los Padres). Sirve para proporcionar a los padres las estrategias necesarias con las que afrontar la situación. Se valora su locus de control, la satisfacción con la atención prestada al niño y el estrés paterno.

Es importante el sentimiento de empatía para saber comprender por lo que están pasando los padres.

Por tanto, cuanta más información y atención se preste a los padres, mejorará la relación con ellos, y esto repercutirá en la recuperación del niño.

Los niños también necesitan información. Cuando el adulto se pregunta sobre qué debe decir o informar al niño enfermo, seguramente éste ya sabe mucho más de lo que creen los padres y los médicos. Lo más correcto será satisfacer su natural interés por saber sobre su estado (2). Así es recomendable que se permita hablar al niño sobre su enfermedad y que se conteste adecuadamente a las preguntas que formule de manera que lo pueda comprender. Nunca hay que engañarles ni mentirles en lo que esté sucediendo con él. No se les debe chantajear ni crearles falsas esperanzas. Siempre partiendo de lo que el niño sabe, se debe responder a lo que pregunte, pues puede que le estemos hablando de cosas que ni siquiera se ha planteado. La información a transmitir deberá estar en consonancia con el desarrollo cognitivo y psicológico del menor (15). El niño, además, está en su derecho de ser informado, considerándose que el margen de edad más relevante para informar es de 8 a 12 años, aunque también se tienen que considerar las situaciones y diferencias individuales no relacionadas solamente con la edad.

En conclusión hay que decir que aunque no se hayan encontrado investigaciones que relacionen directamente la hospitalización con las alteraciones en el desarrollo de los niños, no se puede obviar que la enfermedad y el ingreso en un centro hospitalario suponen una interrupción en la adquisición de habilidades y aprendizajes, osea en el poder continuar con su evolución normal. Esto estará influido por la duración de la hospitalización según algunos autores, aunque hay controversia, pero fundamentalmente por la calidad de la atención recibida y por la riqueza estimular de las instalaciones y de las actividades. En manos de las enfermeras está el que la atención al niño y a su familia sea satisfactoria, y el poder aplicar los principios de la E.P. para facilitar el progreso del desarrollo de los niños mientras están hospitalizados.

 

BIBLIOGRAFÍA

 

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(11) Casanova Matutano, C. y cols. Hospitalización pediátrica evitable en la Comunidad Valenciana y

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(12) Casanova Matutano, C. y cols. Uso inapropiado de la hospitalización en pediatría. Validación de la

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(14) Ochoa, B.; Repáraz, Ch.; Polaino-Lorente, A. Validación de la entrevista EHP, sobre efectos de la hospitalización infantil en los padres. Bordón 1997; 49 (4): 393-411.

(15) Mauleón García, M.A.; Ramil Fraga, M.J. Consentimiento informado en pediatría. Un estudio

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