Iconografía Popular de Don Quijote


Presentación

En el año 2005 se cumplen 400 años desde que apareció la primera edición de El Quijote.

El Centro de Estudios de Castilla-La Mancha, desea participar en esa conmemoración haciendo una aportación original, apartada de la recurrente exposición de distintas ediciones de la obra, recopilaciones bibliográficas, etcétera de las que ya se han encargado otras instituciones con gran acierto.

El CECLM se ha propuesto coleccionar álbumes de cromos y diversos materiales efímeros aparecidos sobre la obra, e incluir algunos de ellos íntegramente en una página temática sobre el IV Centenario, quedando abierta dicha página a otras iniciativas encaminadas en el mismo sentido.

Los materiales expuestos, aparecen acompañados de estudios sobre los mismos a cargo de Fernando González Moreno y de Esther Almarcha, profesores del Departamento de Historia del Arte de la Universidad de Castilla-La Mancha.

¿Quién no ha sentido alguna vez la necesidad de coleccionar cualquier clase de objeto?

El coleccionismo, impulso instintivo que afecta a todo el género humano, supone un afán acaparador, más o menos sistemático y simbólico en mayor o menor medida, con el que pretendemos hacernos poseedores de aquello que estimamos y, al mismo tiempo, rodearnos de ello. Podríamos decir incluso que todos somos un coleccionista en potencia, pues, de hecho, ya en nuestra infancia muchos de nosotros nos entregábamos con absoluta devoción a la compra e intercambio de cromos.

Los cromos, aunque se asocien habitualmente con el mundo infantil o juvenil, no son tan sólo un nostálgico instrumento de ocio pueril, sino un auténtico elemento cultural de primer orden. Estas “estampas, papeles o tarjetas con figuras en colores” son el embrión del más básico coleccionismo popular, así como un motivo de intercambio e intercomunicación social.

Si bien los orígenes del coleccionismo de cromos pueden remontarse a la Antigüedad (culturas acadia y sumeria), este fenómeno, tal y como hoy lo conocemos, se desarrolló en Europa a partir de mediados del siglo XIX. La causa de este primer coleccionismo de cromos fue la proliferación de las estampas que acompañaban muchos de los productos de ultramar, siendo a principios del siglo XX cuando su divulgación se incrementó notablemente. En su inicio, el desarrollo del coleccionismo de cromos estuvo vinculado con la promoción de ciertos productos alimenticios, especialmente aquellos de consumo habitual por parte de los más pequeños (caramelos, bombones, cacao, etcétera). Así, mediante este primitivo sistema de marketing, se pretendía que la clientela se mantuviese fiel a la compra de cierta marca con la que se conseguían los cromos a coleccionar. En esta línea se encontraban los álbumes realizados por “Chocolates Juncosa” hacia 1935 (Historia Natural), “Chocolates Font” en 1948 (Historia de España desde sus orígenes hasta el siglo XIX), “Chocolates La Cibeles” en los años 50 (Aventuras de Pinin), “Chocolates Amatller” en 1954 (Don Quijote de la Mancha), “Chocolates Lloveras” en los años 60 (Don Quijote de la Mancha), “Chocolates Hueso” en 1962 (Héroes legendarios) o Nestlé entre 1965 y 1967 (Panorama de la Historia de España). Esta costumbre de introducir en los envoltorios de sus productos alguna vistosa estampilla se convertiría en algo habitual para las empresas chocolateras, pero no serían las únicas. Numerosas firmas retomarían la misma iniciativa como forma de incitar a la compra de una marca concreta; desde papel de fumar “Mi Papel” en 1929 (Jugadores de fútbol) hasta vermouth Martini & Rossi en 1936 (El Ingenioso Hidalgo don Quijote de la Mancha).

 

 
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