Martini&Rossi. El Ingenioso Hidalgo Don Quijote de La Mancha. 1936

Las firmas comerciales encontraron en la edición de álbumes coleccionables una próspera herramienta publicitaria. La gran mayoría, como ya hemos visto, se correspondía con empresas comercializadoras de productos alimenticios infantiles (chocolates y similares), sin embargo, éstas no fueron las únicas. En este sentido, un buen ejemplo es el que ahora comentamos: el álbum de cromos El Ingenioso Hidalgo don Quijote de la Mancha presentado por Martini & Rossi en 1936,

Obviamente, esta colección no iba dirigida hacia el público infantil, sino a una clientela adulta, y la propia empresa manifiesta con claridad su intención de ofrecer al coleccionista un producto curioso y refinado, pero a la vez con un alto valor cultural (los cromos se acompañan de un apéndice en el que se cita el párrafo que inspiró cada ilustración). De este modo, nos encontramos ante un álbum editado con especial esmero, en el que se ha cuidado de manera muy notable tanto la original presentación de los cromos, como la selección de las ilustraciones. Así, en primer lugar, Martini & Rossi opta por retomar la obra que considera cumbre de la literatura mundial, El Quijote, y, además, elige las estampas creadas por uno de sus más afamados y significativos ilustradores: Gustave Doré. Y, por otra parte, para la presentación del álbum se opta por un sistema de gran originalidad: un cuadernillo en el que se insertaban ciento veinte fotografías transparentes (el ejemplar del C.E.C.L.M. sólo cuenta con veinticinco). Éstas aparecían bajo las etiquetas de los botellines de tapón rojo Martini & Rossi.

Resulta especialmente curioso comprobar como esta firma comercial no tiene ningún reparo a la hora de justificar su campaña publicitaria. De este modo, tras dedicar tres páginas del álbum a explicar qué es el vermouth, cómo se elabora, cómo se selecciona y cómo se pide (!), se nos señala que este nuevo sistema de regalos en el que se hermana la curiosidad con un alto valor cultural, nunca igualado, ha merecido la mayor satisfacción del público, induciéndole a consumir cada día con mayor fruición el VERMOUTH MARTINI & ROSSI EN BOTELLINES TAPÓN ROJO. No hay mejor ejemplo de honestidad comercial.

En cuanto a los cromos –estas originales fotografías transparentes–, la colección nos presenta una selección de las trescientas setenta y siete ilustraciones creadas por Doré para Don Quichotte, edición francesa de 1863 (publicada en España en 1864 por la Tipografía del Llyd Austriaco). Éstas, sin duda alguna, se encuentran entre las más divulgadas y conocidas imágenes de las aventuras y entuertos del personaje cervantino, lo cual no nos debe extrañar si tenemos en cuenta la genialidad y la trayectoria de este ilustrador. Paul Gustave Louis Chistophe Doré (Estrasburgo, 1832 – París, 1883), diseñador, grabador, pintor y escultor representante del más apasionado e imaginativo Romanticismo, realizó sus primeras litografías a la edad de trece años, llegando a publicar su primer álbum, Les Travaux d’Hercules, con tan sólo catorce. Gracias a su exuberante creatividad, no tardaría en convertirse en un renombrado artista, alternando colaboraciones en prensa como caricaturista, exposiciones de pintura y escultura y, sobre todo, una prolífica labor como ilustrador. En menos de treinta años, Doré ilustró más de ciento veinte volúmenes editados en Francia, Inglaterra, Alemania o Rusia. Fábulas de Jean de La Fontaine, Cuentos de Charles Perrault, La Divina Comedia de Dante, Orlando Furioso de Ariosto, la Biblia o Paraíso Perdido de Milton son algunas de las obras que le inspiraron; entre ellas, por supuesto, destaca  Don Quijote.

Entre 1861 y 1862, Doré había realizado en compañía del barón Charles Davillier un amplio recorrido por España. Este viaje, sin duda alguna, le permitiría tomar los apuntes necesarios para ilustrar con cierta corrección la obra de Cervantes. Así, la ambientación arquitectónica, los paisajes y las vestimentas, por lo general, recrean fiel y minuciosamente los espacios y los ambientes en los que Cervantes situó a sus personajes (venta donde Sancho es manteado: n° 19). No obstante, a veces, también nos encontramos con extrañas interpretaciones, como los molinos de lejana inspiración manchega (n° 10). Por otra parte, aunque Doré tiende a mantenerse fiel a la realidad y no a las ficciones imaginadas por don Quijote, el gusto romántico del ilustrador se desborda a la hora de representar aquellas escenas que rememoran batallas históricas (Lepanto y hechos de la armada turca: n° 45), cuentos ambientados en el mundo árabe (historia del cautivo), leyendas de “auténticos” caballeros andantes (n° 41, referente a Diego García de Paredes, y n° 42, referente a Felixmarte de Hircania) o sucesos con cierto carácter fantasmagórico (Sancho y los ahorcados: n° 105). En cuanto a los protagonistas, destaca el tratamiento que recibe la figura de don Quijote, mostrada siempre con dignidad trágica y respeto; en el caso de Sancho, se nos presenta un personaje tratado con especial ternura, siendo el mejor ejemplo su reencuentro con el rucio (n° 98).

Por último, debemos corregir que, aunque el cromo n° 3 es explicado en el álbum con un párrafo del capítulo III de la primera parte (la vela de las armas en la venta), en realidad esta ilustración pertenece a una escena de las bodas de Camacho (Cap. XX, parte II).    

En 1979, TVE emitió Don Quijote de la Mancha, una serie de dibujos animados de producción íntegramente española, con la que se pretendía acercar al público más joven la obra de Cervantes. Producida por José Romagosa y dirigida por Cruz Delgado, quien fue galardonado con un  premio Goya, la serie contó con 39 episodios basados en ambas partes de la novela. La adaptación, de impecable factura, corrió a cargo del guionista Gustavo Alcalde y fue supervisada por el académico Guillermo Díaz-Plaja. A todos estos elementos, que permitieron la producción de una serie ya mítica en nuestro país, debemos añadir la intervención de actores de la talla de Fernando Fernán Gómez y Antonio Ferrandis, quienes, respectivamente, se encargaron de las voces de Quijote y Sancho.

Ese mismo año, la empresa Danone comenzó a regalar con la compra de sus yogures una colección de noventa y cuatro cromos, que reproducían fotogramas extraídos directamente de la serie de televisión, para incluir en un álbum de 15 pesetas de precio. Los cromos, limitados a episodios de la primera parte, recogían buena parte del excepcional material que había sido recopilado por parte de los productores. Con el propósito de generar los escenarios en los que se ambienta la serie, se emprendieron largas jornadas de viaje y de investigación a lo largo y ancho de la ruta de don Quijote.  De este modo, se reunió una amplia colección de pinturas a la témpera en las que se recogían diversos exteriores e interiores localizados en la Mancha. Todos ellos, además, buscando la fiel reproducción del modelo, evitando la arbitrariedad y posibles anacronismos. El magnífico resultado de este riguroso proceso de documentación, en el que destaca el verismo de los paisajes y las arquitecturas rurales manchegas, podemos apreciarlo en los cromos de este álbum. No obstante, en consonancia con el estilo infantil/juvenil de la serie, este verismo se alterna con un carácter más fantasioso e irreal, tal y como podemos comprobar en aquellos episodios imaginados por don Quijote. Así, si bien siempre se nos ofrece el suceso puramente real (los molinos, la venta, las ovejas o los odres), también se plasma el evento tal y como lo inventa “el de la triste figura” (gigantes, un castillo, los ejércitos del Gran Emperador Alifanfarón o más gigantes).

En cuanto a los personajes, los principales protagonistas se inspiran en los modelos ya bien tipificados y prototípicos, aunque don Quijote aparece novedosamente pelirrojo. Únicamente cabe ser destacada la inserción del propio Cervantes en el papel de personaje-narrador y, como resulta habitual en las series de dibujos animados, se presta una especial atención a los animales de la obra cervantina (Rocinante, Rucio y el galgo), los cuales adquieren una mayor entidad como protagonistas. En este sentido, la escena del reencuentro entre Sancho y su burro, también incluida en otras colecciones de cromos, es tratada con una gran emotividad.

Texto de Fernando González Moreno

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