International Wittgenstein Symposium

JUSTIFICATION

     L. Wittgenstein denomina uno de los capítulos más importantes del intitulado ‘The Big Typescript' (1) nada más y nada menos que “Phänomenologie”. Para que no haya lugar a dudas comienza dicho apartado afirmando: “Phänomenologie ist Grammatik”, es decir, lo que entiende por fenomenología no es otra cosa que gramática. Esta caracterización supone la culminación de un decenio de críticas veladas (2) contra la postura fenomenológica de E. Husserl (3) y los guiños a la filosofía de M. Heidergger (4). Sería interesante poder analizar las diferencias más importantes que surgen alrededor de la fenomenología de autores tan dispares como los mencionados.

     Según E. Husserl, la fenomenología ha de ser entendida como un método mediante el cual no se puede presuponer nada, ubicándose antes de toda creencia y de todo juicio con el fin de explorar lo dado (5). Antes de cualquier investigación estaríamos obligados a poner entre corchetes nuestras actitudes epistémicas (6). Como consecuencia inmediata de dicho “positivismo absoluto” se llevaba a cabo un proceso de reducción. En dicho proceso se genera un “residuo” esencial capital para entender lo dado. Dicho residuo esencial sería dado a la intuición convirtiéndose en una aprehensión de unidades ideales significativas (7). Las universalidades esenciales aprehendidas fenomenológicamente son múltiples. En su obra irá presentando diferentes tipos. Así por ejemplo, en la intuición de un matiz de rojo se daría a la conciencia intencional la esencia de “rojo”.

     Para L. Wittgenstein, el tema fenomenológico ha de ser encarado desde otro punto de vista completamente diferente. Por esta razón comienza organizando gramaticalmente los problemas fenomenológicos. Seguidamente discute el tema vinculado al campo visual (“ Gesichtsraum ”) (8) y distingue éste del espacio de Euclides. En general, se afirma que todo espacio euclídeo es euclidiano. Un espacio euclidiano es un espacio vectorial donde se define el producto escalar mediante la axiomática de ser conmutativo, bilineal y regular. Así pues, el conjunto de las rectas que se trazan desde el ojo del observador a los distintos puntos del objeto constituye la proyección del objeto. Esta representación se denomina “cono euclidiano” (9). Dicho espacio se construye de tal modo que crea la impresión de ser infinito, constante y homogéneo. Contiene una perspectiva central que presupone dos hipótesis fundamentales: primero, que miramos con un único ojo inmóvil y, segundo, que la intersección plana de la pirámide visual debe considerarse como una reproducción adecuada de nuestra imagen visual. Ambos presupuestos implican una abstracción de la realidad. Bajo realidad se entiende en este espacio la efectiva impresión visual en el sujeto.

     Ciertamente, introducimos estas anotaciones matemáticas para centrar el problema fenomenológico al que L. Wittgenstein presta su mayor atención. Este es, expresado en pocas palabras, el problema de la composición (“ Zusammensetzung ”). L. Wittgenstein, había reflexionado sobre la composición anteriormente, al recapacitar sobre aquel caso especial de regla universal en el que se construye algo, por caso, los símbolos (10). Debemos prestar especial atención al orden de relación pues el todo no se considera como la suma (u operación) de las partes. La composición en las construcciones no se genera de las más simples a las más complejas (11). Arriba reparamos que el espacio euclídeo se forma a partir de un producto escalar que cumple determinadas propiedades. Por ejemplo, el producto lógico de “estructura-de” y “mayor-de” es “estructura-mayor-de”. La nueva relación se suele expresar mediante un predicado compuesto. Es frecuente que la composición de las relaciones interese para obtener nuevas relaciones que en el lenguaje euclídeo se encuentran expresadas mediante predicados gramaticales simples. Eso ocurre cuando ambas relaciones compuestas lo están a través de un argumento que participa de las dos. El problema se centra en saber si, en el lenguaje usado para describir los colores, podemos generar una nueva relación que designe un predicado simple. De ser así, generaríamos una composición de relaciones típicas y semejantes a las que se generan en el producto relacional. Así pues, un enunciado compuesto no puede ser, en sentido estricto, simple (12). ¿Sirve este argumento para el espacio euclídeo? El gran problema que subyace al espacio euclídeo es que es homogéneo. Su homogeneidad no es más que la identidad de su estructura, fundada en el conjunto de sus funciones lógicas, su determinación ideal y su sentido. El problema central radica en que el espacio homogéneo nunca es un espacio dado, sino un espacio construido. Por esta razón, desde todos los puntos del espacio pueden crearse construcciones iguales en todas las direcciones y en todas las situaciones. Sin embargo, en el espacio de la percepción inmediata este postulado no se realiza nunca. Por esta razón, E. Mach trabajó en otro tipo de espacio. En el espacio de la percepción visual, cada lugar posee su peculiaridad y un valor propio.

     El campo visual es, prima facie , aquella porción de espacio que el ojo fijo puede ver. Es, por así decirlo, el espacio en el cual puede ser visto un objeto mientras la mirada permanece fija en un punto (13). La pregunta cabal sería saber si la imagen diseñada por E. Mach concuerda con el espacio visual. Este último es, contrariamente al espacio métrico de la geometría euclidiana, heterogéneo e anisótropo. Las direcciones fundamentales de la organización “delante – detrás”, “arriba – abajo”, “derecha – izquierda”, son valores que se corresponden de modo diverso. L. Wittgenstein se pregunta, influenciado por las propuestas de J. W. von Goethe, si realmente el campo visual que cada uno ve cuando realiza el experimento propuesto por el fenomenalismo puede ser descrito del mismo modo a como nosotros lo hemos hecho hace un momento y que coincide con la imagen publicada por E. Mach (14). Como buen observador, L. Wittgenstein repara, primeramente, en que el campo visual descrito no se corresponde con la percepción que cada uno puede hacer al respecto del campo visual que tenemos delante ya que no se describen los contornos difusos. La dificultad radica en que en el dibujo de Mach todos los planos son nítidos mientras que si realizamos el experimento observamos que allí donde la vista focaliza la mirada es más nítida que en los márgenes. Desgraciadamente, apunta certeramente L. Wittgenstein, la propuesta de E. Mach no tiene en cuenta la diferencia entre contornos nítidos y difusos. Esta observación permite afirmar que estamos ante la confusión más irrebatible que se genera entre el lenguaje fenomenológico y el lenguaje de la física. Si Mach hubiera descrito su campo visual tal y como lo percibimos cuando repetimos el experimento, entonces habría pintado el mismo dibujo pero con un punto nítido y la paulatina difusión hacia los contornos. Desde un punto de vista estricto, Wittgenstein afirma que no se puede reproducir ninguna imagen de la visión debido a que tendríamos que tener en cuenta los elementos difusos. En cierto modo, el infinito que aparece en el campo visual se debe a que la infinitud del campo visual se asienta sobre lo difuso.

     Este es el problema que se detecta en la fenomenología cuando se describen las impresiones: se ven los objetos de modo más sencillo de lo que en realidad aparecen. El error de la propuesta del campo visual propuesto desde el proyecto fenomenológico radica en que no describe los objetos tal y como se perciben sino que los transforma subrepticiamente y los representa en un espacio euclídeo en el que no se diferencia entre nitidez y lo difuso. Dicha moción identifica el campo visual con una cámara obscura inversa. En consecuencia, E. Mach no proyecta los objetos al interior y los entiende como procesos introspectivos como era el caso en la propuesta de R. Descartes (15), sino que los describe en la imagen publicada en su trabajo de manera inexacta en tanto que no aparecen los elementos difusos y borrosos. Por tanto, la gramática del lenguaje fenomenológico no sólo es distinta a la del lenguaje de la física, sino que además – y esto es menester resaltar – no recoge en el juego del lenguaje en la que se describen los fenómenos investigados, los elementos claves que aparecen al reproducir el experimentum crucis en el que E. Mach asentará su propuesta (16). Posteriormente, discute la visión del sujeto y campo visual y lo compara a una imagen (Bild). Desarrolla una “Minima Visibilia” (17) para acabar tratando el problema de los colores y las mezclas de matices (18). El simposio se propone arrojar alguna luz en el concepto de “fenomenología” y discutir las diferentes tendencias que surgen a principios del siglo pasado.

(1) L. Wittgenstein, The Big Typescript . Wiener Ausgabe. Vol. 11. Springer, Viena – Nueva York, 2000. Este trabajo había sido publicado en parte y se corresponde con: Wittgenstein, „The Big Typescript” (776 pp), c 1933, Trinity College, 213.

(2) L. Wittgenstein, Wittgenstein, Ludwig Wittgenstein und der Wiener Kreis. Gespräche, aufgezeichnet von Friedrich Waismann . En: Schriften 3. Suhrkamp. Frankfurt a. M. 1980.

(3) E. Husserl, E. Husserl, Logische Untersuchungen. Prolegomena zur reinen Logik Vol. I. Untersuchungen zur Phänomenologie und Theorie der Erkenntnis . Vol. II/1. Elemente einer phänomenologischen Aufklärung der Erkenntnis. Vol. II/2. Max Niemayer, Tübingen, 1968. Véase: II/2.

(4) M. Heidergger, Die Grundprobleme der Phänomenologie . Gesamtausgabe. II. Abt. Vorlesungen. Vittorio Klostermann, Frankfurt a. M., 1975.

(5) E. Husserl, Die Ideee der Phänomenologie. Fünf Vorlesungen . Husserliana Bd. II. Martinus Nijhoff, The Hagu e, 1973.

(6) E. Husserl, Cartesianische Meditationen und Pariser Vorträge . Husserliana, Bd. I. Martinus Nijhoff, The Hague , 1973.

(7) Véase: L. Eley, Metakritik der Formalen Logik. Sinnliche Gewissheit als Horizont der Aussagenlogik und elementaren Prädikatenlogik . Martinus Nijhoff, The Hague , 1969.

(8) La descripción más sofisticada del campo visual la encontramos en el libro de E. Mach, Analyse der Empfindung . Wissenschaftliche Buchgesellschaft, Darmstadt, 1991. Véase: pp. 15 ss.

(9) Este tipo de cono fue descrito por Albert Dürer y era usado como procedimiento para copiar. Permitía representar cuerpos tridimensionales en dos dimensiones. La sección que del cono hace el lienzo constituye el dibujo que se desea construir. Las rectas paralelas del objeto convergen en el cuadro al punto donde el lienzo es agujereado por la recta que va desde el ojo, siendo paralela a las rectas dadas. Véase: Alberto Durero, De la medida , (Ed. Jeanne Peiffer). Akal, Madrid, 2000, p. 336.

(10) L. Wittgenstein, L udwig: 1993-1996, Wiener Ausgabe. (WA, 1 - WA, 5). (Ed. M. Nedo). Wien – New York: Springer Verlag. Vol. 1-5. Véase: (Vol. 2), p. 326.

(11) L. Wittgenstein, L udwig: 1993-1996, Wiener Ausgabe. (WA, 1 - WA, 5). (Ed. M. Nedo). Wien – New York: Springer Verlag. Vol. 1-5. Véase: (Vol. 1), p. 43.

(12) L. Wittgenstein, L udwig: 1993-1996, Wiener Ausgabe. (WA, 1 - WA, 5). (Ed. M. Nedo). Wien – New York: Springer Verlag. Vol. 1-5. Véase: (Vol. 3), 87.

(13) La descripción más sofisticada del campo visual la encontramos en el libro de Ernst Mach, Analyse der Empfindung . Wissenschaftliche Buchgesellschaft, Darmstadt, 1991, Véase pp. 15 ss.

(14) La influencia de Goethe en la filosofía de L. Wittgenstein ha sido tratada en profundidad por múltiples autores.

(15) Véase: René Descartes, Principia Philosophiæ . Amstelodami, 1644. René Descartes, Le Monde de Mr Descartes, ou le traite' de la Lumiere et des autres principaux objets des Sens. [...]. Paris , 1664.

(16) Sobre el término „ experimentum crucis “ véase: Isaac Newton, New Theory about Light and Colors, Philosophical Transactions , 19. Febrero 1672, 80, pp. 3075-3087 así como: Isaac Newton, Letter to Mr. Oldenburg (Febr. 1671/72). El término „ experimentum crucis “ posiblemente fue tomado del uso que hacía R. Hooke (Véase: Robert Hooke, Micrographia: or, Some physiological descriptions of minute bodies made by magnifying glasses. With observations and inquiries thereupon . London : Printed by J. Martyn and J. Allestry, 1665, p. 54). Robert Hooke propuso en 1665 el término „ experimentum crucis “, caracterizándolo como aquel experimento que determina la verdad de una teoría científica o estable cuál de las hipótesis en pugna es más verosímil. Posteriormente, fue asumido por Francis Bacon en su libro ‘ Novum Organum ' en la que hace referencia a la „ Instantiæ Crucis “, es decir a la bifurcación que se esbablece al decidirnos por una propuesta.

(17) Véase: Minima visibilia . Episteme NS , 25, 2005, pp. 53-79.

(18) En castellano el paradigma descrito mediante la expresión “Rötlichblau” es descrito generalmente como el color púrpura. Sin embargo, perderíamos de vista el argumento wittgensteiniano pues de lo que se trata es de los elementos constitutivos del color púrpura. Desde el trabajo de J. W. von Goethe, Goethe, J. W., 1985 ss., Die Farbenlehre. Münchener Ausgabe , (Ed.) K. Richter. Múnich: Carl Hanser Verlag. [787], se distinguía entre „Rotblau“, es decir el púrpura roja de “Blaurot”, es decir, el azul púrpura.

 

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