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Plagio

Remo Fernández-Carro

El plagio es una mala conducta académica que debemos aprender a reconocer y a evitar. Se trata de un delito y en las universidades puede merecer desde una mala nota a la expulsión, y esto vale tanto para los alumnos como para los profesores cuando escriben y publican. La falsificación de resultados o la colusión para ocultar la contribución de otra persona a un trabajo son otras formas de mala conducta académica.

En el texto que sigue explicaré en qué consiste el plagio. Más abajo y en otros textos, enlazados con este, explicaré algunas formas de evitar el plagio accidental, si es que existe. Lo que trato es de que sepais reconocerlo para poder evitarlo tanto ahora como alumno universitario como en adelante en tu vida profesional, y tanto si te vas a dedicar a la investigación como si ejerces de cualquier otra forma profesión. Como docentes, en el futuro, se espera de vosotros que enseñéis también a vuestros alumnos que no deben copiar y por qué.

Comenzaré por aclarar esto, qué es el plagio —y qué no— y por qué no debemos plagiar.

Qué es

Copiar el trabajo de un compañero y no decirlo es plagio.
Copiar material de un libro en uno de nuestros trabajos y no citarlo adecuadamente es plagio.
Cortar-y-pegar una página Web, en todo o en parte, también lo es.
Traducir una canción del inglés (o del búlgaro, o del yidis) y hacerla pasar por propia es plagio.

En general, el plagio consiste en usar las ideas de otro autor —en sus palabras o cambiando sus palabras— sin reconocerlo. También es plagio copiar el trabajo de otra persona aunque nos haya dado permiso.

Por qué no debemos plagiar

En cualquier oficio se nos paga por lo que hacemos y esto es cierto también en los oficios intelectuales, como el nuestro. Lo que se nos pide es que nuestro trabajo sea una contribución original. La dificultad de nuestro oficio, sin embargo, es que es muy difícil hacer un trabajo del todo original porque casi siempre nos basamos en ideas y trabajos de nuestros colegas. Por eso es muy importante aprender a mostrar en nuestros escritos qué es realmente trabajo propio —nuestras ideas, nuestros datos, lo que hemos escrito nosotros— y qué hemos tomado de otros. Desde hace siglos, los universitarios y los académicos hemos desarrollado una serie de técnicas, habilidades y “mañas” que nos ayudan a dejar bien claro qué es propio y qué no, y de quién es eso que no es propio. Son habilidades y “mañas” que debes aprender desde este momento y que te servirán a lo largo de toda tu carrera. Os las presento un poco más adelante.

Por otro lado, en los oficios creativos e intelectuales es muy fácil reproducir una idea o un texto y por lo tanto es fácil el robo intelectual, el plagio. Por eso en los entornos creativos se castiga severamente el plagio: independientemente de que pueda uno ir a la cárcel o pagar una multa por ello —insisto, ¡es un delito!— quien es pillado plagiando el trabajo de un colega suele perder su reputación. Es lo peor que puede sucederle a un académico, pero también a un artista. Muy a menudo es apartado de la profesión y se le condena al ostracismo. Y no estoy exagerando.

Hay una razón de fondo para todo esto, claro. En los oficios creativos vivimos de hacer un trabajo original y nuestros ingresos pueden depender en buena parte del reconocimiento de nuestros colegas y nuestra reputación.(1) Si no tuviéramos cierta garantía de que no nos lo pueden robar, no tendríamos interés en hacer bien nuestro trabajo. Las ciencias avanzan y el arte nos hace más felices porque los artistas esperan que no les roben su trabajo.(2)

Cómo no plagiar

Es fácil: basta con que reconozcamos claramente que estamos usando el trabajo de otro.

Cada vez que tomemos una idea o un texto ajeno debemos reconocerlo. Y debemos dejar bien claro que no tratamos de ocultarlo. ¿Cómo? Explicando no sólo quién es la autora o el autor, sino también en qué lugar exacto leímos vimos u oímos lo que hemos citado. Debemos llevar de la mano a nuestro lector a ese lugar. Esto se hace un poco más complicado, pero hay que hacerlo. Cada vez.

Cómo lo hacemos, en concreto

Como he tomado las ideas de este texto de la Web de la Universidad de Manchester, aprovecho para citarla y así ponerlo como ejemplo (University of Manchester 2006). En primer lugar, debemos decir que estamos copiando y qué. En este caso, he tomado la idea general del texto que cito, y desde aquí usaré el contenido del párrafo 5 (páginas 1 y 2). Si lo copiara literalmente, debería hacerlo ver; por ejemplo, poniendo el texto entre comillas: “Para ayudarte, aquí tienes algunos importantes “qué-hacer” y “qué-nos”” (University of Manchester, 1)

A veces, si citamos un trozo largo, lo ponemos en un párrafo aparte con otra tipografía.

  • Qué hacer. Conseguir mucha información de fondo de los temas sobre los que estás escribiendo para ayudarte a formar tu propio punto de vista. La información puede venir de revistas electrónicas, informes técnicos, tesis no publicadas, etc. Apunta la fuente de cada trocito de información en el momento en que la consigas aunque sólo sea una frase.
  • Qué no hacer. No construyas un trabajo cortando o pegando trozos de material escrito por otra gente, o escrito por ti con otro propósito, si luego lo vas a presentar como un original propio. A veces tendrás que citar de forma exacta las palabras de otro con el fin de analizarlas o criticarlas, en cuyo caso la cita debe ir señalada por comillas que muestran que es una cita directa, y la fuente debe estar apropiadamente reconocida en ese punto. Cualquier omisión de una cita debe ser indicada por una elipsis (…) y cualquier adición debe ponerse entre corchetes. Por ejemplo, “[Estos] resultados sugieren… que la hipótesis es correcta.” Podría ser también adecuado reproducir un diagrama de un trabajo ajeno, pero de la misma forma la fuente debe ser explícita y completamente reconocida. Sin embargo, hacer partes grandes de un documento con un rosario de citas, incluso si son reconocidas, es otra forma de plagio.
  • Qué más hacer. Atribuir todas las ideas a sus autores originales. Las ideas escritas son el producto que los autores producen. No te gustaría que otra gente se olvidara de decir que tus ideas son tuyas, y eso es lo que las reglas contra el plagio tratan de evitar. Una regla de la experiencia dice que cada idea o afirmación que escribes puede ser atribuida a una fuente a no ser que sea una idea personal o que sea conocimiento común. (Si no estás seguro de si algo es conocimiento corriente, pregunta a un compañero: si no saben de lo que les estás hablando, ¡entonces no es conocimiento corriente!) (University of Manchester 2008, 2)

Al citarlo así, ya sabéis tres cosas al menos: que este texto no es mío, que lo escribió alguien desconocido en 2008 y que lo publicó la Universidad de Manchester. Pero esta información no os permite encontrar el texto original ni, por tanto, comprobar si lo he citado correctamente. Lo común es que la referencia en el texto nos lleve a una nota a pie de página o a una bibliografía. En la nota o en la bibliografía aclararíamos todos los detalles necesarios para localizar el original.

En el ejemplo, yo tendría que escribir en la bibliografía el nombre del autor (como no se sabe quién porque es un texto institucional pongo quién lo publica) la fecha en que lo escribió (en las páginas Web tambien pongo la fecha en que lo consulté, por si luego lo cambian), el título del documento (“Guidance of students on plagiarism and other form of academic malpractice”) y el lugar en que lo consulté (http://www.campus.manchester.ac.uk/medialibrary/tlao/plagiarism-guidance-for-students.pdf). La referencia bibliográfica podría escribirse así:

O de forma parecida en una nota a pie de página o en una nota al final. Esto os permitirá localizar el texto original y ver qué mal lo he traducido.

Y, entonces, ¿debemos tomarnos todo este trabajo por cada cosa que citemos?
¡Sí, desde luego!

Otro ejemplo tomado de una revista de investigación de filología (Cátedra García 1983).(3)

El autor cita el trabajo de otro y lo hace así (Cátedra García 1983, 226):

Fijaos que al principio del párrafo explica lo que dice un tal Maxime Chevalier, pero no usa las mismas palabras. Pero al final del párrafo, cuando le cita literalmente pone el texto entre comillas. Para eso sirven las comillas. En los dos casos usa las notas para decirnos de dónde ha sacado las ideas, un libro de Chevalier titulado Lectura y lectores en la España del siglo XVI y XVII. En la nota 4 dice que esas ideas están en las páginas 31 y siguientes del libro. En la nota 5 aclara algo de lo que dice Chevalier y nos dice que podemos mirar también el trabajo de otro autor. En la nota 6 nos dice que la cita literal es del libro que citó antes, pero de la página 38. Si consultamos el libro en la biblioteca veremos que esa frase está ahí.

Está claro que no podemos aburrir a los lectores con una colección de citas de otro o de otros, porque no habría en nuestro texto nada original. Tenemos que añadir algo de nuestra cosecha porque es por lo que nos van a valorar. Un artículo o un libro no puede consistir en una colección bibliográfica, aunque algunos sean eso: pero son excepciones muy particulares.

En resumen, si usamos ideas o material de otros, tenemos que citarlos. Para ello, primero, los nombramos; luego hacemos una referencia que ayude al lector a localizar el texto original; esa referencia, por último, se completa en una nota o en una bibliografía. Ponemos la nota o la bibliografía aparte para que no moleste a la lectura, cuando el lector lee de corrido. En los textos académicos siempre se hace igual, desde hace años.

Cómo reconocemos lo que es plagio

A veces encuentro citas de diferentes autores en un texto que estoy leyendo. Ya he dicho que es muy común, porque nos apoyamos constantemente en trabajos anteriores y porque, al final, no podemos inventar todo. Pero, ¿cómo reconozco el plagio? ¿Cómo sé si lo que leo es una cita legítima o si está plagiado? Si un autor escribe En un lugar de La Mancha no ha mucho tiempo que vivía... no necesita poner una referencia explícita porque todos sabemos de dónde la ha sacado. No necesita ni ponerlo entre comillas porque es obvio que no va a tratar de engañarnos (no puede ser tan tonto). Pero si escribe la razón de la sinrazón que a mi razón se hace, de tal manera mi razón enflaquece, que con razón me quejo de la vuestra fermosura quizá sí deba recordarnos que es una frase de El Quijote, y que está en el capítulo primero, en las primeras páginas.

Un material está plagiado si el autor trata de ocultar que la idea (o la frase, o el párrafo, o el gráfico, o el dato) no es suyo. Si no lo pone entre comillas, para empezar. Si no nos dice quién es el autor ni en qué obra lo leyó. Y, aunque no llega a ser plagio, también es una mala práctica académica no citar correctamente, es decir, no explicar con suficiente cuidado dónde podemos leer la idea original.

Y así, de la misma forma, si no ponemos una frase original entre comillas, si no citamos quién es el autor ni en qué obra podemos leerlo nos pueden acusar de plagio.

En otros documentos relacionados con éste explico un poco mejor por qué debemos citar correctamente, la forma de hacerlo de acuerdo con un estilo de cita y un estilo de cita particular, el Turabian, el más usado en humanidades. También explico cómo hacer un buen trabajo académico (o por lo menos empezar con él).

Referencias:

Cátedra García, Pedro M. 1983. La biblioteca del caballero cristiano don Antonio de Rojas, ayo del príncipe don Carlos (1556). MLN 98(2): 226-49

Manchester University. 2008. Guidance of students on plagiarism and other form of academic malpractice. http://www.campus.manchester.ac.uk/medialibrary/tlao/plagiarism-guidance-for-students.pdf (consultada el 13 de abril de 2010).

Véase también la entrada Plagiarism en Wikipedia: http://en.wikipedia.org/wiki/Plagiarism (consultada el 13 de abril de 2010). La versión española es demasiado mala para citarla aquí: ¿algún voluntario para arreglarla?.

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(1) Mucha gente no sabe que los científicos —y los profesores de universidad cuando hacen investigación— no cobran por publicar artículos o libros científicos. Como mucho, se cobra por hacer libros de texto, pero a menudo no es suficiente dinero para cubrir lis gastos que le dan a uno. Los trabajos científicos se cobran indirectamente, porque hacen mejorar nuestra reputación o nuestro curriculum y esa mejora nos consigue una mejor plaza. Por eso es tan importante evitar el plagio en los oficios académicos: debemos demostrar que el trabajo es nuestro y no podemos permitir que nos lo robe otro. Esto va por ti, Luis Sanz Menéndez.

(2) Bueno, esto era así al menos hasta que se inventaron e-mule y el top-manta.

(3) La referencia que acabo de hacer significa que voy a hablar del trabajo de Pedro Cátedra García publicado en 1983 que está citado en la bibliografía o en una nota (es decir, aquí). La referencia es: Cátedra García, Pedro M. 1983. La biblioteca del caballero cristiano don Antonio de Rojas, ayo del príncipe don Carlos (1556). MLN 98(2): 226-49 [aquí la revista se llama MLN, un nombre un poco raro].