7.1.1.- Causas del deterioro de las rocas

Las causas del deterioro de los materiales que forman monumentos pueden ser de dos tipos: externas o internas.

Las principales causas externas serían:

-                          Agua. Como ya hemos visto en temas precedentes, la acción del agua sobre los minerales puede originar procesos muy diversos, tanto físicos (acción en cuña de ciclos hielo-deshielo), como químicos: disolución e hidrólisis de minerales, fundamentalmente. A su vez, en el caso concreto de los monumentos, su acción se podrá ver potenciada por factores climáticos y de composición del aire, puesto que los componentes de éste pueden pasar al agua. A esto habría que agregarle que los minerales que son disueltos dan origen a otros, los cuales al cristalizar pueden originar presiones en el orden de los MPa (mega pascales). Un caso notable en este sentido es la epsomita, con una presión de cristalización de 290 MPa. No obstante, estas presiones son equivalentes a las que puede ejercer el hielo, de hasta 193 MPa.

-                          Atmósfera. Los componentes atmosféricos pueden ser muy variados, y pueden en unos casos actuar directamente sobre los minerales (caso del ozono), y en otros aportar agentes que las aguas, o el propio vapor de agua que la atmósfera pueden incorporar, actuando sobre las rocas en forma líquida. Los principales contaminantes atmosféricos son: los óxidos de nitrógeno, carbono y azufre procedentes de la combustión de hidrocarburos, el gas metano emitido por los fertilizantes y la quema de bosques, y los gases de combustión liberados en la incineración de residuos sólidos.

-                          Organismos vivos (biodeterioro). La acción de los organismos sobre los monumentos puede ser muy variada, e incluye desde fenómenos puramente físicos, como la acción de las raíces de plantas, que pueden introducirse por las grietas o por las juntas de las edificaciones, o afectar a las cimentaciones, o los efectos químicos o físico-químicos producidos por la acción de los excrementos de aves, o por la acción de líquenes o de bacterias.

Deterioro progresivo de la piedra a la intemperie bajo la acción de los elementos y los líquenes. 

 

Edificios invadidos por las raíces de árboles en la ciudad monumental de Angkor Wat (Camboya).

 

-                          Antropogénicas. Incluimos aquí los factores relacionados con la acción del hombre, ya sea previamente a la instalación del material, o durante la misma (tipo de labra, tratamientos que reciba, cargas estructurales que se le apliquen, posición geométrica en que se dispongan, tipo de elemento arquitectónico: los suelos sufren efectos muy distintos que las paredes o las fachadas), o tras la misma (instalación de letreros). Por otra parte debemos incluir en este apartado el tráfico. Por un lado, favorece la presencia de contaminantes en la atmósfera, que resultan especialmente agresivos en el ámbito urbano. Por otro, las vibraciones que se relacionan con el tráfico pesado pueden afectar a la estabilidad de las construcciones próximas. A esto debemos agregar las calefacciones que utilizan calderas a carbón, y las refinerías de petróleo que muchas veces están cerca de los núcleos urbanos.

  

Coches y refinerías de petróleo, dos fuentes de contaminación que se retroalimentan.

 

-                          Otros. Como agentes externos de menor importancia en general podemos citar la acción del viento y de las temperaturas (o de sus variaciones extremas).

            Por otra parte, tenemos las causas internas, propias de la roca que sufre el proceso o procesos correspondientes:

-                          Mineralogía. La composición mineralógica del material de construcción es siempre fundamental para explicar las transformaciones pueda sufrir, pues cada mineral presenta distintas susceptibilidades a los agentes externos descritos: unos son fácilmente solubles o hidrolizables, o sufren más la acción de los agentes atmosféricos, o se desgastan con mayor facilidad por presentar menor dureza. Por ejemplo, la calcita, un mineral presente en algunas rocas de construcción, o en el mármol, es fácilmente hidrolizable: CO2 + H2O → H2CO3 y consecuentemente CaCO3 + H2CO3  → Ca2+ + 2 HCO3-. Por su parte, el dióxido de azufre atmosférico produce ácido sulfúrico, que reacciona con la calcita generando yeso.

Muestras de caliza, de grano grueso (izquierda) y fino (derecha).

 

-                          Textura. La disposición textural de los minerales puede afectar también a su comportamiento frente a la meteorización. Por ejemplo, las rocas de grano más grueso se degradan, por lo general, más rápidamente que las de grano más fino.

 

Granito (izquierda) y riolita (derecha). Ambos poseen la misma composición química,

sin embargo el primero posee un tamaño de grano mucho mayor.

 

-                          Tectónica. El hecho de que una roca halla sufrido los efectos de deformación tectónica suelen implicar la aparición de diaclasas o microfracturas, que pueden ser prácticamente invisibles. Sin embargo, bajo la acción de cargas se manifiestan por fenómenos de rotura, que a su vez favorecen la acción de otros agentes externos, como la infiltración de soluciones.

Imagen al microscopio polarizante de una microfractura (centro)

rellena de calcita, en una caliza.

 

Estas causas actúan siempre combinadas entre sí, produciendo los efectos que veremos a continuación.

 

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